Del amigo perdido y los lamentos del hombre

Alivio de Quexosos Alivio de quexosos (2)

“…pues era su compañía el último, que me había quedado en tantos mares de penas, en que naufragaba mi sentimiento. Bien llamó Aristóteles al amigo un alma en dos cuerpos; porque el pesar y alegría del uno se comunica al otro …”

¿Quien dijo que los sentimientos son una invención moderna? Las bibliotecas de libro antiguo están llenas de infinitos ejemplos sobre el amor de los hijos a los padres, de los padres a los hijos, del amor entre hermanos, y, como no, el de los amigos.

Hojeando entre ellos, recupero este hermoso lamento hacia la pérdida de un amigo,  recogido en un precioso libro “Alivio de tristes y consuelo de quexosos”, escrito en el año 1699 por el teólogo Matheo Ribeiro, y  que podréis encontrar en la Biblioteca Nacional. Si bien es cierto que el libro se enmarca en una época renacentista donde el hombre, como individuo,  cobra un gran protagonismo, la misma referencia a Aristóteles muestra que los sentimientos entre los hombres han sido siempre más o menos los mismos. Escondidos a veces, endurecidos en ocasiones,  la verdad más cierta es que desde la noche de los tiempos el ser humano ha oído, visto, gustado, tocado, olfateado… y sentido.

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