1721: ¿Plaga de insectos? Haz un exorcismo.

“Han de salir todos los no impedidos, así hombres,  como mugeres desde la Parroquia, en procesión hasta el lugar, donde los Sacerdotes han de conjurar la langosta, o pulgón. Todos con la mayor devoción, que pudieren, y en sumo silencio, excepto los que fueran cantando la Letanía (…)”

Practicadeconjurar1

Traigo esta semana el extracto que aparece en un libro sobre exorcismos. Siempre hemos relacionado esta práctica con personas endemoniadas, pero lo que aquí me ha llamado la atención es conocer otra finalidad de este ritual:  la de acabar con  plagas de insectos (langostas o pulgones, entre otros). 

El sacerdote cobra aquí un papel que desconocía. ¿Fumigador? no exactamente. ¿Qué usaba, entonces, para acabar con estos bichos? Nada menos que el exorcismo, el “conjuro” por excelencia. Y un nuevo descubrimiento se incorpora a mi sabiología: conjuro no es solo un ritual para brujas, como siempre he creído. También la Iglesia los hacía y,  por lo que aquí puedo leer, el término se usa varias veces y con absoluta normalidad.

 

Sigamos viendo el procedimiento,  que aparece tan simple, tan ingenuo, que me produce hasta ternura.

(Las gavillas de sarmiento no eran otra cosa que haces de ramas con los que se haría la hoguera, en forma de cruz).

Después de leer la última parte, con esas  cruces “de una tercia en alto, para que puestas hasta donde llegan las langostas no pasen de allí”  interpreto que todo el ritual se resumía en colocar una barrera física con la que ingenuamente se creía frenar el avance del insecto. Aún así el cura afirma satisfecho que  “Casi todas la vezes, que con esta disposición, se han hecho los conjuros, he visto felicíssimos efectos.”

Es sabido que en todas las culturas el  hombre  ha invocado a los dioses para para salvar sus cosechas de plagas: a través de sus sacerdotes (o sacerdotisas), enviaban las súplicas y practicaban rituales y sacrificios. Los elementos comunes en casi todos ellos son el fuego y el animal. La novedad, en mi opinión,  es que también la Iglesia católica los ha practicado, usando además de los mismos elementos al más puro estilo de sacerdotes incas o egipcios. 

Hoy en día, el ritual se sigue repitiendo, aunque variado completamente en sus formas: ya no se recurre a un dios sino a la química. Los operarios han sustituido a los curas; tampoco hay sotanas sino monos y máscaras,  y el ritual del fuego es ahora un bidón de pesticida. Y a pesar de todo… siguen las plagas. ¿Habrá que volver a confiar en el poder de un exorcismo?

Este conjuro aparece en el libro “Práctica de conjurar: en que se contienen exorcismos, y conjuros contra los malos espíritus” y fue escrito por el Padre Fray Luis de la Concepción en el año 1721. Puedes encontrarlo en la Biblioteca Digital Hispánica
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