Año 1800: del espíritu materialista de la navidad.

Estamos en época de navidad,  una fiesta hermosa y  milenaria. La gente se queja de que hoy en día la espiritualidad que antaño desprendía ha desaparecido,  y que en su lugar flota únicamente un sentido comercial y materialista. Pero la sabiología me susurra que todo lo que crece viene de la raíz,  y ni siquiera la navidad se escapa a esta ley.

Así, las estampas de felicitación que he descubierto me muestran que además de la sana costumbre de felicitar las fiestas había en ellas otra razón,  quizás más poderosa: la de recibir el aguinaldo, que primero se daba en forma de viandas y finalmente acabó con el reparto de dinero que, al fin y al cabo, es lo más materialista que hay.

Navidad repartidor publicidad

Las postales de navidad de hace más de cien años me han permitido conocer además oficios curiosos, y ahora  sé que a finales del 1800 ya existía el reparto  de publicidad, equivalente al “correo comercial” o “buzoneo” de nuestros días. La estampa corresponde a poco antes de la pérdida de Cuba a manos de los Estados Unidos y el resultado es una felicitación ciertamente politizada, algo impensable en la España de hoy.

 

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También he descubierto que incluso  los modelos de los artistas tenían su estampa de felicitación, y por lo que veo era bastante atrevida teniendo en cuenta la sociedad puritana de antes. ¿O quizás es que no lo era tanto, para permitir que circulase en navidad el dibujo de un hombre desvestido?

 

 

 

Finalmente encuentro  oficios  como el de carbonero o la lechera, que aunque ya están extinguidos, su forma de trabajar no se diferencia en nada del moderno “servicio a domicilio” tan de moda en nuestros días.

 

“Todo cambia para que nada cambie”, dice un sabio refrán. Y mientras gira la rueda de la vida, aprovecho para desearos, a través aquellos que nos precedieron,  una feliz navidad y un amable 2016. 

Las postales han sido recuperadas de la  Biblioteca Digital Hispánica, donde encontrarás éstas y muchas otras de variados oficios.
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Año 1792: nace el reality show, o cómo llega a fin de mes una familia de doce.

“… porque lo mismo de ahora se oye en todos  tiempos.”

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Cuando he leído las primeras páginas de este libro me parecía estar viendo un programa de esos que muestran cómo llegan a final de mes algunas familias españolas en la crisis que vivimos. En aquella época no había televisión ni falta que les hacía, con tratados como éste  que se mete en el día a día de los gastos de tres familias “no figuradas, sino ciertas“.

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A través del diario se nos da una  información muy fiel de aquella época: de lo que comían,  de cómo se vestían, y a qué actos acudían. Es un libro tan claro y detallista  que podemos visualizar perfectamente a esas familias  y su día a día  únicamente leyendo estos gastos cotidianos.

LaberintoCasados3Me he quedado con el primer ejemplo de los tres, una familia de doce personas compuesta por los padres, ocho hijos, una criada y  “algún agregado del Hospital de la Sangre, que nunca falta“. Así,  me he enterado de que el sueldo que entraba era “ajustadito”,  y que por eso comían guisados “de mucho caldo y pocas tajadas“; que los niños normalmente merendaban solo pan y también he sabido del importante papel de las amas de cría que eran parte normal del presupuesto.LaberintoCasados6

Otro apunte calculado con precisión era el gasto de los entierros (ahora casi LaberintoCasados5resuelto con los seguros de entierro): en esta familia bastante elevado, pues enterraron nada menos que  a seis  de los  catorce hijos que tuvo el matrimonio.

El libro continúa  hablando de los otros dos ejemplos: un matrimonio con una criada, y un soltero con su ama, con gastos totalmente diferentes, y que dejaré para comentarlos en otra ocasión.

Con el estudio de estas tres familias se establece una curiosa comparativa muy parecida a cualquier “reality show” de los que se emiten hoy en día, y que estoy segura que, de rodarse, tendría un alto índice de audiencia. Porque, como recojo al inicio de este escrito, “lo mismo de ahora se oye en todos tiempos”.

Este libro se ha extraído de la Biblioteca Digital Hispánica, donde lo encontrarás fácilmente si quieres ampliar la información.

 

Año 1681: Se acerca un cometa, protejamos al príncipe.

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Los cometas por la mayor parte son señales de guerras, pendencias, pestilencias, carestías, hambres y muertes de grandes personajes (…)

Siempre se nos ha dicho que la aparición de un comenta,  en otros tiempos , era sinónimo de malos augurios, cosechas perdidas y cuantos males y desgracias  pueda uno imaginar. Efectivamente estas creencias existían, y como muestra un botón: nada menos que un discurso astrológico de 1681 en donde se exponen con mucha claridad todos estos miedos. Su autor escribe con convicción, expresándose con rigor y tratando de explicar lo que ve a través de su “tubo óptico”.

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El párrafo que recojo me ha llamado la atención por el particular efecto que el paso de un cometa puede hacer en los príncipes. El autor expone razones y aclara que  no son demostrativas “pero muy apoyadas de la experiencia”, afirmando que el aire se vuelve más viscoso y grueso,  y  que “ésto afecta a los príncipes,  por ser  más delicados que los demás particulares”.


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El hombre y las estrellas han ido siempre de la mano, y ahora que tenemos sofisticadas Apps que nos indican la posición exacta de tal o cual estrella, y que los telediarios nos invaden con la hora exacta del paso de un cometa, me parece un privilegio  poder leer sin intermediarios el pensamiento directo de un astrónomo de 1681, sus advertencias y  observaciones a través de lo que ve con este curioso tubo óptico. Si quieres profundizar más en el estudio del tema, encontrarás este ejemplar digitalizado en la Biblioteca Nacional de Catalunya.    

¿La magia de la alquimia? Con azufre y heces se hace oro


Alquimia2“Toma partes iguales de azufre vivo y salitre, muélelo todo separadamente y después mezcla el polvo y ponlo en vasija de vidrio bien enlodada y mantenía durante dos horas á fuego lento, y después aumenta el fuego hasta que cese el humo: después del humo sale la llama por el cuello de la vasija y sube dos ó tres codos; y después que cesa la llama, permanece el azufre casi blanco y fijo en el fondo: entonce sácalo y toma dicho azufre fijo y otra tanta sal armoniaco, y muélelo todo y redúcelo bien á polvo y mézclalo, y en seguida ponló todo á sublimar, á fuego lento al principio y después más fuerte, de manera que vaya aumentando durante cuatro horas: saca lo que se ha sublimado y también lo demás, é incorpora lo sublimado con las heces y en seguida sublima como al principio hasta por seis veces, y el azufre permanecerá en el fondo del vaso: el cual tomarás, y muélelo y ponló en un lugar húmedo sobre mármol ó vidrio y se convertirá en aceite, del cual echa dos ó tres gotas sobre un ducado fundido en un crisol, para que se vuelva aceite, y viértelo sobre mármol y se congelará: de éste pon una parte sobre cincuenta de mercurio purgado y se hará sol (oro) excelente.” Alquimia3

Impresionante mezcla para hacer oro la que proponía el alquimista español Caravantes, del que poca cosa se conoce. Esta curiosa receta aparece en “La Alquimia en España”,  un  interesante libro publicado en 1889 por  José Ramón de Luanco (1825-1905), químico español y Catedrático de la Universidad de Barcelona.

Luanco hace en su libro un repaso de los alquimistas españoles y sus extrañas fórmulas, y gracias a él podemos adentrarnos en un viaje a la magia de la alquimia, con personajes adeptos a las transmutaciones de metales, reglas y operaciones alquímicas de gran valor para los curiosos.

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El trabajo que dejó  Luanco nos da la posibilidad de descubrir cosas increíbles sobre un tema  tan cuestionado y  que de otra manera nos habría sido imposible localizar.

Quien sabe el porqué de la alquimia… pero lo que sí es cierto es que en esta época de crisis, más de uno seguirá soñando, como sucedía hace mil años,  con una piedra filosofal que le resuelva la vida.

Si te interesa leer más fórmulas,  encontrarás este libro digitalizado en la Biblioteca Nacional de España, donde podrás  consultarlo on-line pinchando  aqui.

 

 

 

 

 

Año 1653: diagnóstico, cáncer

CapturaCaptura cancro

Hasta siete veces he encontrado la palabra carcinoma en el tomo segundo del “Observationum Et Curationum Medicinalium, sive Medicinae Theoricae”, un tratado de medicina de varios tomos, escrito por Pieter Van Foreest (1522-1597). Este ejemplar se publicó en el año 1653 y en el se habla de diferentes carcinomas: ojo (página 26), nariz (página 77), labios (página 90), maxilar (página 95), lengua (página 111), estómago (página 320) y zona hepática (página 347).  En otro de los tomos, concretamente el volumen uno,  habla también del cáncer de mama (“Cancer mammillae”) como podéis ver en el índice que  os adjunto.

En cada uno de ellos se estudian sus síntomas y pronósticos, demostrando que esta enfermedad es conocida desde hace siglos, y desmontando el mito  de que el cáncer, aún existiendo siempre,  únicamente se ha identificado en los últimos años. Sí, esa frase que todos hemos oído alguna vez “como antes no se conocía el cáncer, la gente se moría y no sabía de qué era…” ¿Os suena?

Los libros antiguos me dan un nuevo ejemplo (esta vez  en medicina) de que el hombre  no era tan  ingenuo ni ignorante como pensamos, y que mucho de lo que sabemos hoy en día se lo debemos a ellos.

 

“¿Por qué nos espantamos viendo ángeles? Se preguntaban en el 1392

 

“La primera es que la nuestra flaca natura trae consigo por pena de su natural corrupción, que siempre se espanta cuando ve o siente cerca de sí cosa que no ha acostumbrado de ver o de sentir, mayormente cuando lo siente o lo entiende súbitamente sin toda deliberación (…)”

Éstas,  y otras razones expuso  el padre Francisco Eiximenis (Gerona 1327- Perpiñan 1409) en su tratado  Libro de los ángeles (Llibre dels angels en su edición original de 1392). El franciscano, que provenía  de una familia acomodada, estudió en diferentes ciudades europeas y fue un hombre de reconocido prestigio intelectual, por lo que no deja de ser curioso que hable de las apariciónes de los ángeles con esa naturalidad, así como del efecto que causa en el hombre común el observar dicha aparición.

Mi intención con este blog no es juzgar; únicamente aprender y descubrir qué pasaba por la mente del hombre antiguo.  Y me parece curioso, que ahora que está tan de moda el tema de los ángeles, no está de más el preguntarse la razón del porqué eruditos del siglo XIV ya escribían con esa certeza sobre el fenómeno de su aparición.

Este incunable se imprimió en el año 1490 y si quieres acceder a él para su estudio,  lo puedes encontrar en la Biblioteca de Catalunya

Del amigo perdido y los lamentos del hombre

Alivio de Quexosos Alivio de quexosos (2)

“…pues era su compañía el último, que me había quedado en tantos mares de penas, en que naufragaba mi sentimiento. Bien llamó Aristóteles al amigo un alma en dos cuerpos; porque el pesar y alegría del uno se comunica al otro …”

¿Quien dijo que los sentimientos son una invención moderna? Las bibliotecas de libro antiguo están llenas de infinitos ejemplos sobre el amor de los hijos a los padres, de los padres a los hijos, del amor entre hermanos, y, como no, el de los amigos.

Hojeando entre ellos, recupero este hermoso lamento hacia la pérdida de un amigo,  recogido en un precioso libro “Alivio de tristes y consuelo de quexosos”, escrito en el año 1699 por el teólogo Matheo Ribeiro, y  que podréis encontrar en la Biblioteca Nacional. Si bien es cierto que el libro se enmarca en una época renacentista donde el hombre, como individuo,  cobra un gran protagonismo, la misma referencia a Aristóteles muestra que los sentimientos entre los hombres han sido siempre más o menos los mismos. Escondidos a veces, endurecidos en ocasiones,  la verdad más cierta es que desde la noche de los tiempos el ser humano ha oído, visto, gustado, tocado, olfateado… y sentido.